viernes, 1 de junio de 2012

Capitulo primero. Esa canción.

If i fell in love with you 
Would you promise to be true 
And help me understand 'cause i've been in love before
 And i found that love was more
 Than just holding hands.

Esa canción. Una de mis favoritas. Una que mi iPod se había hartado a reproducir en los últimos meses volvía a sonar. Habían sido meses muy difíciles, pero conseguí superar los baches. Revisando antiguas fotos, mientras la nostalgia del vinilo que mi padre me regalo hacia ya casi 6 años, miles de recuerdos se apoderaron de mi. Así estaba. Era el principio de lo que esperaba iba a ser una nueva vida. Pero si las cosas seguían por ese camino no lo iba a conseguir. Yo venia de una ciudad pequeña, en un país sin excesiva importancia para el resto del mundo. La ciudad era Zamora, el país España. 

Tras haber tomado el avión con la mayor convicción del mundo de que aquello que quería hacer iba a ser la mejor decisión de mi vida. Ojalá todo hubiera sido tan fácil como yo había imaginado.

Antes de nada dejad que me presente. Mi nombre es Cristina. Tengo 22 años.Viví hasta hace no mucho tiempo, 2 años en la ciudad que me vio nacer. Aquella que me inspiro tanto durante tanto tiempo. Pero allí, ni en ninguna otra ciudad de España las cosas estaban fácil. Desde muy pequeña sabia que no me quedaría allí de mayor. Pero aquel sueño infantil de ser una actriz famosa con un gran numero de películas a su espalda distaba mucho de la realidad que encontré aquí.

Mi llegada no comprendía más que un poco de turismo por la costa californiana. Pero con el paso de las semanas me di cuenta de que en España las cosas no estaban como para volver. Así que decidí hacer una pequeña visita a unas viejas y buenas amigas que vivían no muy lejos de la ciudad. Tras largas conversaciones con mis padres y mi hermana conseguí convencer les de que me las arreglaría yo sola. Me enviaron un poco más de dinero y tres maletas con lo que por aquel entonces era mi vida. Me instalé durante "unos días" en su apartamento. Aquel lugar no estaba mal. Tenia luz, estaba cerca de todo, zona de fiesta incluida, vecinos agradables, con una boca de metro a la puerta... todo lo que alguien con 20 años puede permitirse exigir. 
Con el tiempo comencé a buscar trabajo en una ciudad que apenas conocia. Conseguí trabajo de camarera en un restaurante. Muy tópico lo sé. Con ese cambio de vida intente dejar también a un lado las rutinas que había ido tomando desde que llegué. De este modo cambié mi capuccino en alguna cafetería del centro por un simple café de  maquina hecho en casa mientras desempaquetaba mis pocas pertenencias.
Y aquí llegamos al principio de la historia, ya tenia completamente amueblada el salón y mi dormitorio. Aun quedaban mi estudio y la habitación de invitados, era un lugar amplio, soleado y bastante mejor de lo que podría haber conseguido un tiempo atrás. La verdad, una renta tan baja como aquella me sorprendió en mis paseos matutinos supuse que iba a ser un lugar bastante malo, aun así llamé. Concerté una cita con la casera para el día siguiente, y así fue como nada más llegar al portal supe que esa iba a ser mi casa. Mis amigas me ayudaron con el tema de la mudanza y también con la compra de muebles, ya que era algo con lo que yo no estaba muy familiarizada. Tardamos 6 días en llevar las cajas con los restos de mi vida.
Aquel día lluvioso, jueves libraba en el restaurante así que decidí adelantar un poco con las cosas que tenia que hacer por casa. Así que llene mi cafetera de café y me bebí la segunda taza de la mañana. Decidí comenzar a llenar los muebles del salón con las fotografías, álbumes y libros que había ido construyendo mi vida a lo largo de los años. La antología de los Beatles, la trilogía de Los Juegos del Hambre, los tres libros que conseguí de Lauren Oliver, las guías de viaje que empecé a comprar con 16 años ante mi primera salida de la península ibérica (Londres, Liverpool, Roma, Milán, Moscú, Nueva York, San Francisco, etc.) Después de los libros las fotografías, fotos mías con mis mejores amigas, quienes no opusieron resistencia ante mi cabezonería de irme de España, en alguna hamburguesería de Europa el año que cumplimos 18 años. Fotos con mi padre en un día de campo, con mi madre el día que me peino para mi graduación, con mi hermana el día que recibió la beca de estudios en el extranjero, y alguna más. Y por ultimo saque de las cajas los álbumes de fotos que recogían toda mi vida, obviamente eran todas copias, mi madre no quiso deshacerse de ninguna de ellas. En las fotos que pertenecían a mi niñez fotos con mis compañeros de clase, más adelante, fotos de alguna fiesta de mi temprana adolescencia, y como no, fotos con el. Me sorprendió tanto encontrarlas que me atraganté con el café. Eran fotos en las que eramos felices juntos, eran fotos en las que jamás se me habría ocurrido pensar en otro que no fuera el.